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¿Dios existe?

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Una reflexión entre fe, razón y experiencia


Introducción: Una pregunta tan antigua como la humanidad


En algún momento de la vida, todos nos hemos detenido a pensar en cómo comenzó nuestra existencia y de qué manera todo lo que vemos llegó a estar aquí. La pregunta sobre si realmente existe un Dios no es nueva; ha acompañado a la humanidad por siglos. De hecho, muchos filósofos y pensadores han intentado darle respuesta mediante argumentos que, hasta hoy, siguen generando reflexión y debate.


A lo largo de la historia, distintas corrientes filosóficas han elaborado razonamientos que apuntan hacia la existencia de un ser supremo. Estos argumentos no se basan únicamente en la fe, sino también en la observación, la lógica y la reflexión sobre el mundo que habitamos. La razón humana ha buscado explicar la existencia de un creador a partir de tres dimensiones fundamentales: el origen del universo, el orden y propósito presentes en la naturaleza, y la existencia de valores morales universales.


De estas reflexiones surgen tres enfoques clásicos: el argumento cosmológico, el teleológico y el moral.

El argumento cosmológico: el origen de todo


Cuando observamos cualquier obra humana —un cuadro, una escultura o una casa— nuestra mente concluye de inmediato que alguien tuvo que crearla. Nada surge de la nada. De manera semejante, si consideramos el universo, que tuvo un inicio comprobado científicamente, la pregunta natural es: ¿cómo surgió todo esto?


A veces surgen dudas como “¿Quién creó a Dios?” o “¿Podría el universo existir por sí mismo?”. Sin embargo, la diferencia esencial es que Dios, como causa primera, no está limitado por el tiempo ni el espacio; Él no comenzó a existir y, por tanto, no necesita un creador. La Biblia afirma en Génesis 1:1 que “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”, mostrando que todo lo que existe tuvo un comienzo y que ese comienzo proviene de una fuente eterna. El Salmo 90:2 refuerza esta verdad al declarar que Dios es eterno, y Juan 1:3 subraya que todo lo creado depende de Él para existir.


Desde una perspectiva científica, la evidencia también apunta a un comienzo. La Segunda Ley de la Termodinámica indica que el universo se está “gastando” con el tiempo, lo que implica que no puede ser eterno. En 1929, Edwin Hubble descubrió que el universo se expande constantemente, lo cual señala un momento inicial de origen, comúnmente asociado al Big Bang. Además, la radiación cósmica de fondo —el eco térmico de ese evento— respalda la idea de que el universo tuvo un principio.


La teoría de la relatividad de Albert Einstein aporta otro elemento clave: el tiempo, el espacio y la materia surgieron simultáneamente. Antes del universo, simplemente no existían. Todo esto conduce a una conclusión lógica: el universo no puede ser su propia causa. Debe existir una realidad más allá de él, eterna, inmaterial y trascendente, que da origen a todo lo demás. Esa causa primera no causada es lo que muchos identifican como Dios.

El argumento teleológico: el diseño en el universo


Por otro lado, el argumento teleológico sostiene que el universo muestra un orden tan preciso que resulta difícil atribuirlo al azar. Las leyes físicas permanecen constantes, las fuerzas naturales están equilibradas y los parámetros del cosmos parecen ajustados con una exactitud extraordinaria. Si la distancia entre la Tierra y el Sol variara mínimamente, si la gravedad fuera distinta o si la composición del aire cambiara ligeramente, la vida no sería posible.


El astrofísico Luke A. Barnes, en su artículo The Fine-Tuning of the Universe for Intelligent Life (2012), explica que las constantes físicas del universo parecen calibradas dentro de márgenes extremadamente estrechos que permiten la existencia de vida inteligente. Investigaciones posteriores, como las de Adams (2019) y Díaz-Pachón, Hössjer y Marks (2021), han mostrado que la probabilidad de que un universo habitable surja al azar es prácticamente nula.


Si observamos la vida misma, la complejidad es aún más evidente. El ADN no es solo una molécula, sino un código cargado de información precisa que dirige todos los procesos biológicos. Que un sistema tan sofisticado haya surgido por azar desafía toda probabilidad matemática. En conjunto, la armonía del universo y la complejidad de la vida apuntan no solo a orden, sino también a propósito, sugiriendo la existencia de una causa inteligente detrás de todo.

El argumento moral: el bien y el mal objetivos


El argumento moral parte de una observación profunda: todos los seres humanos, sin importar la cultura o la época, reconocemos una moral básica. Valores como la justicia, el amor, la honestidad y el rechazo a la crueldad trascienden fronteras culturales.


C. S. Lewis, en Mere Christianity (1952), observó que las personas solo pueden discutir sobre lo que es justo o injusto porque, en el fondo, reconocen un estándar moral común. Si la moral fuera puramente relativa —una simple construcción social o biológica— no existiría un fundamento objetivo para distinguir entre el bien y el mal.


El filósofo Immanuel Kant, en su Crítica de la razón práctica (1788), argumentó que la ley moral presente en la conciencia humana apunta a la existencia de un Legislador moral trascendente. En la misma línea, William Lane Craig sostiene que la existencia de valores morales objetivos solo tiene sentido si existe un Dios santo y justo.


Si Dios es el Creador de la vida, también es coherente entenderlo como la fuente de la ley moral que guía nuestras acciones. La universalidad de la moral, por tanto, no parece surgir del azar, sino de una realidad más profunda: un Legislador supremo que imprimió en la conciencia humana el conocimiento del bien y del mal.

Conclusión: una explicación razonable y coherente


Los tres argumentos —cosmológico, teleológico y moral— convergen en una misma idea: la existencia de Dios ofrece una explicación razonable y coherente del origen del universo, del orden presente en la naturaleza y de la moral humana. La fe cristiana no se opone a la razón; más bien, se apoya en ella.


La pregunta final no es solo si Dios existe, sino qué significa para nuestra vida reconocer que todo tiene un origen, un propósito y un valor que trasciende la experiencia humana.


Bibliografía


Barnes, L. A. (n.d.). The Fine-Tuning of the Universe for Intelligent Life. Retrieved from Versión publicada en CSIRO / Publications of the Astronomical Society of Australia con DOI y respaldo institucional.

Barnes, L. A. (n.d.). The Fine-Tuning of the Universe for Intelligent Life. Retrieved from Versión preliminar en arXiv: “The fine-tuning of the universe for intelligent life has received a great deal of attention … the set that permits the evolution of intelligent life is very small.”


Craig, W. L. (n.d.). Reasonable Faith: Christian Truth and Apologetics. Retrieved from Página oficial del libro / catálogo (Crossway / Focus on the Family) con descripción de la edición.


Díaz-Pachón, H. &. (2021). Documento en arXiv, analiza el grado de ajuste y propone un marco bayesiano para estimar probabilidades de “tuning”. Retrieved from Is Cosmological Tuning Fine or Coarse.


Lewis, C. S. (n.d.). Mere Christianity. Retrieved from Versión digital en Archive.org, con el texto completo: Mere Christianity por C. S. Lewis.

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