Esperar: el lugar donde Dios trabaja en nosotros
- Sarah J. Borrero

- 20 feb
- 3 Min. de lectura

“Los que esperan a Jehová renovarán sus fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” (Isaías 40:31)
Cuando Dios tarda, Él prepara. Hoy quiero hablarte de la espera, porque el silencio de Dios también forma.
El desafío de esperar en los tiempos de Dios
Esperar puede ser difícil. Nuestra naturaleza nos lleva a querer todo rápido: respuestas inmediatas y soluciones visibles. Nos cuesta comprender que los tiempos de Dios son perfectos, especialmente cuando no entendemos lo que está pasando. Aun así, la Palabra nos recuerda que todo obra para bien para los que aman a Dios, incluso en los momentos de silencio y espera (Romanos 8:28). Y, siendo honestos, es sumamente difícil para nosotros, como seres humanos, esperar.
La espera como escuela de dependencia
No siempre sabemos cómo esperar, pero cuando venimos a los caminos del Señor, es precisamente ahí donde Él comienza a enseñarnos a depender completamente de Él. Esa dependencia implica soltar el control, abandonar nuestra vieja naturaleza de querer hacer todo a nuestra manera y aprender a descansar en Dios.
Llegarán momentos en los que querrás tomar el control: apresurarte al proceso o forzar una respuesta de parte de Dios. Pero es ahí donde debemos detenernos y confiar. El Señor nos llama a confiar en Él de todo corazón y no apoyarnos en nuestro propio entendimiento; más bien, a reconocerlo en todos nuestros caminos. Caminar con Dios implica aceptar que su tiempo es perfecto, aunque no siempre sea cómodo para nosotros (Proverbios 3:5–6).
Una espera activa: obediencia, fe y crecimiento
La impaciencia es humana, pero confiar en Dios es un acto de fe y obediencia. Mientras esperamos, Dios puede guiarnos de muchas formas: a través de personas, por medio de la confirmación en la oración, o incluso mediante un pensamiento tan claro que sabemos que es Él dirigiéndonos al siguiente paso. Pero mientras esa respuesta llega, la pregunta sigue siendo necesaria: ¿qué vas a hacer?
Nuestra postura debe ser de obediencia y confianza. Esperar a Jehová implica esforzarnos y alentar nuestro corazón sin perder la fe. Dios está obrando, aun cuando no lo vemos.
Este tiempo de espera no es pasivo; es un tiempo de crecimiento espiritual. Dios está preparándote y capacitándote para algo nuevo. Es un espacio donde fortalecemos nuestra fe por medio de la oración, la lectura de la Palabra y el desarrollo del fruto del Espíritu, especialmente el de la paciencia.
La espera como lugar de preparación personal
Los procesos de Dios son únicos para cada persona. Él trabaja de manera individual en la vida de cada uno de nosotros. Y es precisamente en esos momentos de espera donde Él transforma, prepara y capacita.
La espera se convierte en un lugar de preparación: un espacio íntimo entre tú y Dios, donde Él está haciendo algo nuevo en ti, para que por medio de tu transformación su nombre sea exaltado y glorificado.
Incluso cuando llegan las dificultades, estas también son parte de la formación de Dios. Por eso, no fuerces las cosas; aprende a esperar pacientemente, confiando en que cada paso está siendo guiado por su mano.
La gracia de Dios en medio de la debilidad
Como dice su Palabra: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” (2 Corintios 12:9) La espera no es pérdida de tiempo; es formación. Dios está trabajando en ti. Y mientras esperas, cuando llegue el momento, entenderás cuán valioso fue esperar y confiar.
Una pregunta necesaria para el corazón
Si hoy te encuentras en un tiempo de espera, vale la pena preguntarte: ¿Qué vas a hacer mientras esperas? ¿Decidirás creer, confiar y obedecer al Señor aun cuando no tengas toda la respuesta, o intentarás adelantarte y hacer las cosas a tu manera?
Recuerda: el plan de Dios es perfecto, y permanecer en él siempre será el lugar más seguro. Aun en la espera, Dios está obrando. Confía, obedece y descansa en sus tiempos. Decide hoy confiar en Él.





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